viernes, 12 de diciembre de 2014

Ser viejo en el siglo XXI última parte



Otra imagen positiva de la vejez que está ganando terreno es la de los viejos que regresan a las aulas, personas que ven en el proceso de aprendizaje una forma de envejecer y de vivir la vejez con nuevas oportunidades y posibilidades. También,  no hace muchos años, ver a personas viejas inscribirse en cursos de educación formal o no formal era una excepción. Sugerir a un viejo tomar clases, sin importar el tema, podía recibir respuestas como que “la escuela es para los niños” o “esas son cosas de párvulos”, además de expresarlo como una pérdida de tiempo.
Esto también está cambiando, hoy uno de los modelos de intervención con personas adultas mayores con mayor éxito y aceptación son los espacios de formación, educación y capacitación en áreas técnicas, académicas y sanitarias, con diferentes denominaciones (universidades de la tercera edad, centros culturales, extensión universitaria para mayores, centros de promoción gerontológica) y con objetivos muy similares, brindan espacios y oportunidades de desarrollo humano para  las personas envejecidas. Así, cada vez más, se arraiga esta imagen de una vejez con anhelos de superación académica. Sin embargo su impulso como política pública es mucho más lento y aislado que el impuesto e impulsado con los Viejos Deportistas.
También es evidente el arribo a la tercera edad de una generación que cambio su mundo y las representaciones de la juventud en su momento, los denominados baby boomers, nacidos entre los años de 1940 y 1965, artífices de algunos de los cambios más radicales de la cultura moderna, verlos llegar a esta etapa de su vida, trae con ellos nuevos aires y nuevas formas a la vejez, rompieron cánones de jóvenes y adultos, y seguramente romperán (ya lo hacen) cánones de lo que creemos, aún hoy, lo que debe ser un viejo.
Así, envejecer y llegar a viejo en el siglo XXI  llegará a ser, sin duda, uno de los desafíos más enriquecedores y estimulantes de la experiencia humana en toda la historia.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Ser viejo en el siglo XXI tercera parte



Durante mucho tiempo, décadas diría, se alimentó la idea de que la vejez era una etapa transitoria y breve, y había razones para creerlo: un jubilado tenía una expectativa de vida no mayor a 5 años y la longevidad en general estaba reservada para unas cifras porcentuales muy bajas.
Por otro lado hemos escuchado decir a muchas personas que “antes la gente duraba más”, que la gente de antes tenía “mejor madera”, incluso argumentan razones como que antes había menos contaminación, que antes se comía mejor, que antes se vivía con menos “stress”, y estos argumentos son verdaderos, pero la fría realidad de los números y las estadísticas muestran otra cosa: el promedio de esperanza de vida hace 30 años era de 12 años menos, hoy, además de que los 75 años de promedio de esperanza de vida son inéditos, y se vislumbra que pueda seguir aumentando hasta llegar a los 80 años en las próximas décadas, también el número de personas que alcanzan esas edades es extraordinario, de tal suerte que hoy se ven personas viejas que han sobrevivido 20, 25 o 30 años después de la jubilación.
 Esta nueva realidad está golpeando de frente a los sistemas de seguridad y de pensiones contributivas, parece insostenible mantener la balanza del número de jubilados y los años a futuro que tendrán en el usufructo de su derecho a una jubilación, contra un número cada vez más decreciente de jóvenes que se integrarán a la masa productiva formal, actual y futura. Peor si sumamos las políticas públicas de corte neoliberal que van en contra de estos derechos.
Al margen de este embrollo económico, el hecho de que las personas en promedios generales vivan más años, está cambiando el panorama de la vejez en varios sentidos y algunos de ellos nos llevan al ineludible cambio de paradigmas. Ya existen nuevas formas de interpretar a la vejez, nuevas imágenes, nuevas percepciones y actitudes, nuevos abordajes, en suma: nuevas representaciones sociales de la vejez. Algunas llegan a tumbos y empellones, otras se configuran soslayadamente y en sigilo, otras más aparecen con redobles de tambores y luz de reflectores.
No hay duda de que nuestro país y sus gobiernos se han visto obligados, por la presión de organismos internacionales y los acuerdos a que se ha comprometido, a impulsar acciones en favor de las personas adultas mayores, los mayores esfuerzos se han dirigido hacia el sector de la salud, desde donde se ha pretendido dar forma a la política del envejecimiento activo, mucho de este trabajo lo impulsan en clínicas y centros de salud (también lo hace el INAPAM) para motivar a las personas a cuidar su cuerpo a través del ejercicio físico. Al margen de que el concepto de envejecimiento activo es mucho más amplio y complejo que el solo hecho de hacer alguna actividad física, este impulso institucional a derivado en que en las últimas dos décadas veamos más y más personas viejas, vestidas con ropa deportiva; hoy, seguramente, podemos ver a personas mayores vestir unos pants o shorts y no causarnos la menor atención, mucho menos para los niños y adolescentes que han visto de siempre esta imagen. Pero, no hace mucho, esto no era así.
“Cuando a principios de los años 90’s, acudía a trabajar con las personas del Club de la 3ª. Edad de un pueblo rural en la Delegación de Xochimilco al sur del Distrito Federal, coincidía con los promotores deportivos del INSEN, mis compañeros,  y observaba las rutinas de ejercicio que empezaban a enseñar a aquellas personas, en su mayoría mujeres. Llegaban temprano a reunirse en el centro de salud, la mayoría (salvo una o dos excepciones) con largas trenzas, rebozo, amplias enaguas y vistosos delantales de telas cuadriculadas y su infaltable bolsa multicolor para ir al mercado después de ir al ‘ejercicio’; en esta bolsa se guardaba un secreto valioso e imprescindible para asistir a esas sesiones de envejecimiento activo: los pantalones deportivos de telas afelpadas. Unos minutos antes de iniciar la sesión, con mucha discreción, cada una se enfundaba sus pants  bajo sus amplias faldas y salían al patio con su profesor, muchas de ellas eran analfabetas y ese era su primer contacto con una figura docente, allá quedaban en algunas sillas los rebozos y las bolsas del mandado. Muchos vecinos que caminaban por la calle se detenían por varios minutos a observar con curiosidad y extrañeza a esas abuelas, con pants bajo las faldas, hacer ejercicio y corretear una pelota. Al terminar, los pants volvían a la bolsa y ellas a sus actividades cotidianas” (*testimonio)
Estas mujeres aún enfrentando la vergüenza en el vecindario, estaban rompiendo con atavismos ancestrales. 
La  tasa de sedentarismo es muy alta, la abrumadora mayoría en la población mexicana es sedentaria, sin embargo ya se ha instalado en la sociedad, la imagen del viejo deportista, puede aún verse como un cliché, pero también como una posibilidad real y concreta para acceder a una vejez saludable,  ya no es la imagen de un viejo loco corriendo como jovencito, ha dejado de ser una imagen chocante y estrafalaria, ahora incluso causan admiración y ejemplo. Es más, los viejos corredores que compiten de forma organizada han impulsado a las organizaciones deportivas a abrir formalmente nuevas categorías.  

Otra imagen positiva de la vejez que está ganando terreno es la de los viejos que regresan a las aulas, personas que ven en el proceso de aprendizaje una forma de envejecer y de vivir la vejez con nuevas oportunidades y posibilidades. También,  no hace muchos años, ver a personas viejas inscribirse en cursos de educación formal o no formal era una excepción. Sugerir a un viejo tomar clases, sin importar el tema, podía recibir respuestas como que “la escuela es para los niños” o “esas son cosas de párvulos”, además de expresarlo como una pérdida de tiempo. Esto también está cambiando, hoy uno de los modelos de intervención con personas adultas mayores con mayor éxito y aceptación son los espacios de formación, educación y capacitación en áreas técnicas, académicas y sanitarias, con diferentes denominaciones (universidades de la tercera edad, centros culturales, extensión universitaria para mayores, centros de promoción gerontológica) y con objetivos muy similares, brindan espacios y oportunidades de desarrollo humano para  las personas envejecidas. Así, cada vez más, se arraiga esta imagen de una vejez con anhelos de superación académica. Sin embargo su impulso como política es mucho más lento y aislado que el impuesto con el de los Viejos Deportistas.

lunes, 13 de octubre de 2014

Ser viejo en el siglo XXI segunda parte



Las imágenes y los estereotipos más recurrentes acerca de la vejez en los últimos 60 o 70 años parten, quizá, de la representación que los medios de comunicación esculpieron en personajes tan emblemáticos como la abuela de “Los tres García”, con rasgos autoritarios y reproductora del modelo patriarcal, aunque en este caso un matriarcado “patriarcal”, con mucha autoridad y ascendencia en su entorno, con cierto tono masculino contrastando con una feminidad pícara y dicharachera, evidentemente sellada con la inclinación hacia las actitudes del martirio y el sacrificio. Esta representación, más asociada con la imagen de la abuela, la madre de los padres, que con la de la vieja per sé, se usó como estereotipo en infinidad de películas, de variada calidad, a lo largo de varias décadas. ¿Que hace a qué?,  ¿El personaje de ficción es el arquetipo de las personas, o son estas quienes fabrican esta representación?, bien podrían ser ambas cosas, una dinámica retroalimentación entre personas y personajes, sin olvidar el matiz de los autores y guionistas de estos últimos o las necesidades y anhelos de los primeros.
Sin embargo los estereotipos que la sociedad reproduce, no son todos productos del mercado de la comunicación y la mercadotecnia, también se ha instalado en la percepción social una imagen del viejo decrépito y enfermo, decadente y desmemoriado, de mal humor y dependiente, sin muchos personajes famosos que lo representaran en las pantallas, grandes o chicas, pero que también han sido presentados en la ficción del neón, casi la otra cara de la moneda del ejemplo anterior, el de la abuela autoritaria; mientras esta necesita de un ambiente lleno de relaciones familiares para ejercer su papel, el otro estalla en la soledad.
Son solo dos ejemplos de un mosaico de representaciones, la mayoría negativas, acerca del ser viejo en la transición del milenio.
La enfermedad asociada a la incapacidad y la dependencia se han instalado muy profundamente en nuestro pensamiento como un escenario ineludible de la vejez, hemos alimentado esa imagen con hechos reales y contundentes. Aunque porcentualmente son pocos casos, cuantos de nosotros no ha estado cerca de algún amigo, familiar o conocido que ha sufrido un evento vascular cerebral, embolias por ejemplo, y que con la escasa atención rehabilitadora permanecen por el resto de su vida con secuelas que los vuelven dependientes,  o quizá enfermos de Alzheimer, ancianos que viven en estados demenciales, en nuestro caso hemos visto varios. Sin embargo, si analizamos, nos podremos percatar que prevalecen varios malos entendidos, el primero creer que la excepción hace la norma, lo segundo perder el enfoque hacia los otros viejos, los que no padecen  enfermedades físicas. Ahora bien, existen otros que viven otro tipo de enfermedad, la social, la marginación que los vuelve invisibles. Parecería que para muchos la forma de ser visibles es a través de las enfermedades, si no estás haciendo fila en el consultorio médico entonces eres un viejo inexistente; es por ahí donde se construyen otras representación de la vejez, el viejo olvidado, excluido y marginado. Pero si estás en la fila entonces eres un gasto, una molestia, un estorbo y una carga.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ser viejos en el Siglo XXI Primera parte




Varias regiones del planeta ya muestran signos claros del envejecimiento como fenómeno sociodemográfico, son los países industrializados los que han tenido un tasa de envejecimiento mayor, en paralelo son estos países los que han alcanzado los promedios más altos de esperanza de vida al nacer, promedios inéditos en la historia de la humanidad, Japón es el ejemplo más evidente; su esperanza de vida rebasa los 80 años y su población mayor de 65 años ya está por encima del 20%, de igual manera es el país con más personas mayores de 100 años.
 Alemania, Italia y Japón son por ahora los primeros  países “súper viejos”,  más del 20% de su población tiene arriba de 65 años y su promedio de esperanza de vida es mayor a los 80 años

México está en la autopista del envejecimiento poblacional, lo que a países como Japón llevó más de un siglo el proceso del envejecimiento demográfico, a países como el nuestro le ha llevado tan solo 50 años, ya que la proyección para el año 2020 marca que también estaremos con un 20% de la población considerada adulta mayor. Sin embargo es poco probable que alcancemos los mismos promedios de esperanza de vida, de más de 80 años, para esa fecha. Las diferencias de México con respecto a estos países “súper viejos” en términos socio-económicos, socio-políticos y socio-sanitarios son abismales.


Encontraremos sin duda gran variedad de formas de envejecer y de representaciones de la vejez misma, ya hay evidencias de ello. El mosaico de particularidades que cada persona asume para su vejez nos da un gran universo de significaciones e imágenes de el ser viejo en estos tiempos.
Se dice, y con certeza, que envejecer es hoy una decisión y una opción, salvo escasos casos de azar genético, la mayoría de nosotros podrá optar por envejecer de manera óptima, saludable y venturosa o bien podrá decidir para seguir reproduciendo los paradigmas de la patología, la dependencia y la exclusión.
Durante siglos el modelo hegemónico de la vejez fue precisamente el que se asocia a las perdidas y déficits fisiológicos, resultado de un abordaje de la medicina alópata tradicional, que reducía el estado de vejez a una patología, o incluso llegó en un momento histórico a presentar a la vejez como una enfermedad como tal.
Hoy el panorama es otro, los estudios sobre el tema, las evidencias empíricas y científicas, los nuevos abordajes y los muchos ejemplos de viejos rebeldes que se niegan a cumplir su  “destino manifiesto”, y nos muestran otros caminos. Otras formas de ser viejos en este nuevo siglo.

jueves, 7 de agosto de 2014

El Ejercicio Físico



El instituto de envejecimiento estadounidense, afirma que la segunda causa por la cual muere más gente en los Estados Unidos es la falta de ejercicio y una dieta pobre. La segunda causa es fumar cigarrillos.
Sin embargo, nunca se es demasiado viejo para ponerse en forma. Claro que el haber dedicado tiempo para el ejercicio desde que se es joven, ayuda a mantenerse en forma en la vejez. Con el ejercicio, los años de la tercera edad se pueden convertir en años saludables y productivos.
Un estilo de vida sedentario propicia  el deterioro físico y enfermedades. El ejercicio está a sólo unos pasos de nosotros. El ejercicio guiado, con método y constancia, nos puede mantener activos en la vida. El ejercicio y la nutrición correcta son dos factores indispensables para mantenernos saludables mientras envejecemos.
¡Ejercicio! Muchos años de investigaciones serias han determinado que el ejercicio regular y la actividad física protegen la salud y mantienen la habilidad física de la gente en todas las etapas de la vida, por el contrario; no hacer ejercicio es una conducta muy arriesgada.
La razón por la que muchas personas mayores se quedan inactivas y se vuelven dependientes en sus movimientos no es solamente porque han envejecido, la razón principal es que se vuelven inactivos por su apatía hacia el ejercicio.
Una muy buena noticia es que la gente puede beneficiarse notoriamente hasta con niveles moderados de actividad física.
Quienes en la vejez permanecen en la inactividad, ponen en riesgo cuatro importantes capacidades físicas:
La resistencia, la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad.

Las cuatro áreas mencionadas no sólo se pueden mantener con la actividad física, incluso se pueden restaurar y rehabilitar, realizando actividades físicas todos los días. Caminar es la primera opción.
Aunque con actividad muy moderada los beneficios del ejercicio sean aparentemente pequeños, pueden tener una gran influencia en su salud y en su bienestar.
Atención: correr, después de cierta edad y con exceso de peso, pone demasiada presión sobre las rodillas y las articulaciones, pero las caminatas, el levantamiento de pesas ligeras y los ejercicios de estiramiento y de equilibrio ayudan de manera sorprendente.